martes, 18 de noviembre de 2014

Capítulo 3.

        Miré de inmediato a Nicole con una cara de "gracias por avisarme que tenías visitas". Pasé y saludé a Cristobal y a la chica, ella con una cara no muy simpática me dice "Javiera, un gusto", la quedé mirando por unos poco segundos y procedí a pasar a la cocina, Nicole fue detrás mío y una vez dentro, cerró la puerta.

-¿Qué fue eso? Se pudo oler la tensión -hizo una pausa y se le escapó una risita- ¿Estás celosa?
-Ah, que eres ridícula, sólo me incomoda estar con gente que no conozco, aparte no sé por qué no me avisaste que éste weón iba a estar en tu casa, quería estar tranquila, no con dos lapas besándose frente a mis ojos.
-Julieta ¿qué tiene de malo? Es tu mejor amigo, no entiendo qué te pasa, últimamente evitas a todos, y ... - En eso interrumpen nuestra pequeña conversación de murmullos, entra Cristobal y me revuelve el pelo.
- ¿Qué onda lo amargada amiguita? - Me abraza por la espalda.
- ¿Qué onda lo maraco amiguito?
-Escena de celos no porfa -dice riéndose.
- No, qué asco - hago un gesto con el dedo metiéndose a mi boca como si fuera a vomitar.

        Me zafé de su abrazo y busqué algo para beber en el refrigerador, había una cerveza, la saqué y pregunté si podía tomármela, Nicole asintió, y salí de la cocina junto con Cristobal mientras ella se quedaba preparando algo para comer. Me senté en un pequeño sofá, y comencé a beber, mientras los tórtolos presentes se decían cosas al oído y reían como tontos, puse los ojos en blanco y encendí la televisión, la verdad no estaban dando nada interesante, pero cualquier cosa que me distrajera en ese momento estaba bien. Comenzó a vibrar mi celular justo cuando comenzaba a interesarme por un programa que estaban transmitiendo, lo saqué del bolsillo de mi chaleca, miré la pantalla y era una llamada de Vicente, me paré del lugar, y salí al jardín delantero, contesté la llamada y escuchar su voz fue como si una ola de calor me abrazara, me sentía tan sola en ese momento, que aunque estuviera muy enojada y dolida, la voz de la persona que quiero podía hacerme sentir un poco mejor.

-Hola... ¿Estás ocupada?
-Bien, gracias ¿Y tú? - dije tratando de sonar divertida.
-Lo siento, es que, te extraño y quisiera verte ¿Puedes ahora?
-Vicho ya va a ser hora de almuerzo, pero estoy en la casa de la Niqui por si te interesa.
-Claro que me interesa ¿No le molesta que vaya verdad?
-No creo, ven no más, y así hablamos mejor las cosas.
-Bueno, voy para allá... -hace una pausa- te amo.
-Y yo te amo a ti, nos vemos.

        Corté la llamada, y volví a entrar a la casa, sentía un peso en el pecho, no sabía si reír o llorar, hace bastante que Vicente no decía que me amaba, como les digo, las cosas últimamente no andaban de lo mejor, pero cada demostración de cariño que él me hacía era suficiente para hacer que mi corazón se sobresaltara y comenzara a latir con fuerza, lo amaba y no saben cuánto, pero... Era un amor de pendejos, y todos sabemos que sólo un 1% de las relaciones de pendejos perduran en el tiempo. Lamentablemente ese no era nuestro caso. Volví a sentarme, y Cristóbal me atravesó con la mirada.
-¿Era tu Romeo?
-Sí, asqueroso sapo, viene en camino. -Javiera me miró feo.

        Nicole se asomó por la puerta de la cocina y puso una cara de disgusto puro. Me encogí de hombros, y esperé a que Vicente llegara mientras comenzaba a caer la lluvia. Al cabo de media hora tocaron el timbre de la casa, y salí disparada hacia la puerta. Al salir estaba él, todo mojado, tomé mi paraguas, crucé el jardín y lo puse encima de ambos, él me sonrió y de un momento a otro tenía sus labios pegados a los mío, sentí su lengua mezclarse con la mía como si fueran una melodía perfecta, se separó un momento, apoyó su frente contra la mía y en un susurro sin aliento me dijo "No sabes cuánto te he extrañado", sonreí como una tonta, tome su mano, lo hice pasar, se limpió las zapatillas, sacudió su cabello mojado, y entró. Saludó a Cristobal y a Javiera, esperó a que Nicole saliera de la cocina y se saludaron sin mucho ánimo. Ellos no se llevaban muy bien, ya que después de lo que Vicente me había hecho, Nicole fue la primera en enterarse y en dejarlo en la lista negra. Él se sentó en el sillón y yo me dirigí a la cocina para ayudar a servir los platos. Cuando estaba todo listo, nos sentamos a la mesa; yo esperaba que Vicente se sentara a mi lado, pero para mi sopresa fue Javiera quien le ganó el puesto, la miré, y le dije lo más educadamente posible "Javiera tu plato está al lado de Cristobal" se encogió de hombros y dijo "Todos tenemos la misma comida, cuática". Esa chica no me caía mal, pero había algo en ella que no me gustaba para nada., quizás sólo era yo y mi pasada de rollos, pero sentía que me detestaba, desde el primer momento que la vi me di cuenta que yo no le agradaba. Como siempre, preferí no decirle nada, y comimos en absoluto silencio, sólo las mirada se cruzaban de vez en cuando. Si hubiera sabido que el momento iba a ser tan incómodo, habría preferido comer en mi casa con el rancio de mi viejo; se preguntarán por qué llamo a mi papá de esa forma, pero es una historia que les contaré más adelante o quizás en otra ocasión, como sea, no me interesa hablar sobre el tema. Cuando terminé de comer, me paré de la mesa, tomé mi plato, y fui a la cocina, Vicente fue conmigo, y al momento de estar solos, tomó mis manos y me miró fijamente a los ojos.

-Julieta, hablemos por favor- Acarició lentamente mi mejilla con uno de sus dedos mientras sus ojos verdes me seguían tristemente la mirada.
-Está bien Vicho, hablemos ¿Qué es lo que tanto quieres decirme?
-Si te soy sincero, mi gran pregunta es ¿Quieres seguir con lo nuestro? es decir, sé que la embarré, que me metí con una pendeja, que me perdonaste y todo, pero -dio un leve suspiro- tú ya no eres la misma de antes, sé que te cuesta olvidar el cagazo que me mandé, pero por algo estoy aquí, por algo te insisto tanto, porque te amo, porque quiero jugármela por esta relación cueste lo que me cueste. Eres realmente importante para mí, sé que sueno absurdo, pero es lo cierto y sólo quiero saber si me dejarás seguir en tu vida como antes, o seguirás ignorándome como lo has hecho hasta ahora... Hasta que nuestra relación se disuelva con el tiempo y quede en nada.

        Mis ojos se tornaron llorosos y desvié la mirada hacia el suelo, no quería que me viera de aquella forma, no soportaba que nadie me viera así. No quería perderlo, ni menos acabar con lo nuestro, quería perdonarlo por completo, quería volver a ser feliz a su lado, pero no podía sacarme de la cabeza su error, ya sé que cualquiera comete errores, pero... Pero uno no le hace daño a la persona que quiere, y aunque no hubiera sido su intención dañarme, ya todo estaba hecho. Mis ganas de seguir con él seguían, pero no lograba sacar fuerzas de algún lugar para decirle que lo nuestro iba en picada, que aunque yo quisiera que todo estuviera bien, nada estaba bien, que no confiaba en él, que me había defraudado, porque sabía que si le decía eso, todo lo nuestro se iría a la mismísima mierda y no era lo que yo quería.

-Vicho... no sé, todo ha estado tan raro, sé que me he comportado como si fuera otra persona, pero debes entenderme, me siento dolida aún, sé que han pasado casi tres meses, pero no han sido suficientes para olvidarme de la cagá que te mandaste, yo te amo muchísimo, y no quiero que esto se termine, pero me cuesta sacarme de la cabeza todas las cosas que pienso, no quiero imaginar que si sigo contigo, el día de mañana me vuelvas a hacer el mismo daño - lo miré un segundo a los ojos y su cara se encontraba pálida, y sus ojos verdes, totalmente llenos de lágrimas que caían por sus mejillas.
-Julieta, no quiero perderte, quiero ganarme tu confianza nuevamente, por favor, dime que estás dispuesta a confiar en mi, no haré que te arrepientas, y haré que el resto de nuestra relación sea lo mas lindo que puedas recordar -me besó la frente y luego me abrazó- eres lo mejor que tengo en la vida...
-Suenas como todo un empalagoso - reí mientras me secaba las lágrimas- está bien, haré lo que pueda para lo que lo nuestro vuelva a ser lo que era antes, pero tú debes ganarte mi confianza nuevamente, si no, todo habrá sido en vano... y no quiero que eso pase.
-No pasará... Te amo.
Nos separamos y comenzamos a ordenar las cosas entre bromas y risas, una vez que teníamos todo listo, entra Cristobal y nos queda mirando a ambos, su cara estaba totalmente seria, su boca era una linea recta, y sus ojos estaban clavados en Vicente.
- Qué linda la pareja - dijo con un tono seco.
-¿Qué onda Cris? - pregunté con un tono asombrado.
-Nada, ¿Puedo hablar contigo? -se dirigió a Vicente-
-Si.. ¿Qué pasa?
-Vamos al patio, tengo que... - me miró a mi y su tono cambió a uno más amigable- tengo que contarte algo compadre.
-Ya dale, vamos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario