Me sentía como si estuviera sola, sentía el viento golpear mi cara, y simplemente me fijé en los hilos que se desprendían de mi chaleco.
-Hueona, despega por favor- Escuché la voz de Nicole, y luego vi sus dedos chispeando frente a mis ojos
-¿Ah? ¿Qué onda?
-No sé qué onda tú, pasa el caño mejor- Procedí a pasarle el pito que tenía en las manos.
Esa tarde nos juntamos por una razón de ocio, no tenía mucho que hacer y ella tampoco, así que nos dispusimos a pasar el día voladas como si no hubiera un mañana. Pasado un rato ya me sentía aburrida y el efecto se estaba esfumando como el humo de un cigarrillo, aparte hacía un frío que me calaba los huesos, por supuesto se nos ocurrió salir en pleno invierno. Me paré y le dije que me iba, puso una cara de disgusto porque se quería ir a tomar un trago conmigo, pero no estaba de ánimo para nada más. Me despedí de ella, le di un beso en la mejilla, tomé mi bolso y comencé a caminar. Ya era de noche, no me di el tiempo de mirar la hora, seguí caminando y me sentía frustrada porque no lograba concretar ningún pensamiento.
Pasé a una botillería que había al paso y me metí la mano al bolsillo para sacar dinero, me adentré en el local y pedí una cajetilla de cigarros, el tipo que estaba atendiendo me miró con recelo.
-¿Qué edad tení?
-Tengo dieciocho- "Puta la hueá" pensé, "Ni cagando me cree con la cara de pendeja que tengo"
Se acercó y me miró más de cerca, puso cara de resignado y me terminó vendiendo igual la cajetilla, ni siquiera me insistió, probablemente no había sido un buen día para él, se le notaba en la cara, comúnmente los vendedores insisten hasta que les pasas prácticamente tu certificado de nacimiento para venderte unos miseros cigarrillos. Salí de la botillería y seguí caminando en dirección a mi casa, saqué un cigarro y lo encendí, a medida que iba fumando sentía que mi cuerpo se helaba aún más, como si el humo que exhalaba por mi boca se llevara todo mi calor corporal, comencé a apresurar el paso, pasé por una alameda y vi a un viejo tirado en la calle, me dio pena, pero como toda la gente que seguramente pasó por su lado, no hice nada por ayudarlo, en el fondo me sentí mal, pero ¿qué podría hacer una pendeja como yo? "filo" pensé.
Cuando llegué a mi casa recién me dispuse a mirar la hora, eran cerca de las diez y media, entré y saqué las llaves de la puerta para abrirla, una vez dentro me sorprendió el hecho de que todo estuviera apagado, encendí las luces y sólo había una nota encima de la mesa de centro. "Salimos a comer, hay pan fresco en la cocina" Me encogí de hombros, arrugué el papel y lo tiré al basurero. Fui a la cocina y lo único que hice fue beber un vaso de agua, no tenía ganas comer nada, me dirigí a la pieza, dejé la casa en la misma oscuridad que había cuando llegué, prendí el notebook, ingresé a mi perfil y había un mensaje de Vicente, comúnmente llamado Vicho, igual que a todos los Vicentes del planeta tierra, o al menos de mi país, creo que exagero, no sé. El mensaje decía: "Necesitamos hablar, esto no puede seguir así". Sentí como mi cara se ponía pálida, y para que quede claro, Vicente es mi novio, o al menos, lo era hasta ese momento.
No sabía qué responder exactamente, ya saben, la típica frase "Necesitamos hablar" significa que en un futuro no muy lejano te mandaran simplemente a la mierda. Dejé el notebook a un lado, y preferí no responder nada, quería pensar en otra cosa, algo que me hiciera feliz, pero últimamente, pocas cosas hacían ponerme de buen ánimo. No sabía que sucedía realmente, y entre tratar de averiguarlo, me fui olvidando de la maldita frase que flotaba en el notebook como tratando de dañarme. Comencé a quedarme dormida, sin nada en mi cabeza, me sentía vacía, y así me hundí en un profundo sueño hasta que un zumbido y una musiquita insoportable me despertaron de sobresalto, era mi celular, lo tomé y miré la pantalla con la mirada algo aturdida, era una llamada del Vicho, no sentía ganas de contestar, miré la hora mientras seguía sonando el tono, eran las dos y media, seguramente mis padres ya habrían llegado y yo ni cuenta me había dado, me acerqué el celular a la oreja y contesté:
-¿Aló?- dije con una voz lo suficientemente áspera como para que notara que me había despertado.
-Juli ¿podemos hablar? no fuiste capaz de responder mi mensaje.
-Es que me dió.... - vacilé la última palabra- ... paja.
-¿Paja? ¿En serio? De verdad necesito decirte algo importante y a ti te da paja.
-Vicente, no puedo creer que me despiertes a las tres de la madrugada sólo para decirme esto, ¿Qué cresta es lo tan importante? -mi voz seguía áspera.
-Son las dos y media.
-Es lo mismo, déjame dormir, si quieres patearme hazlo mañana.
-No... No se trata de eso - Su voz cambió de seria, a triste-
Me senté en la cama algo preocupada y rasqué mi frente:
-¿Qué pasa entonces?
-Es que... yo sé que estamos mal, y sé que es por mi culpa, porque te cagué, sé que me detestas, es por eso que en el mensaje decía que esto no podía seguir así, necesito que tú tomes una decisión, eres de lo más cortante conmigo, y si no eres capaz de perdonarme, entonces preferiría que tomaras una pronta determinación respecto a lo nuestro.
Si, me había engañado, y sentía un dolor en el pecho cada vez que lo recordaba. Con Vicente llevábamos alrededor de un año y diez meses pololeando, pero los últimos tres meses habían sido realmente horribles al enterarme que me había engañado en un carrete. La única razón por la cual no terminamos fue porque accedí a darle una segunda oportunidad, pero ya saben, nunca es lo mismo, nuestra relación era cada vez peor, y de echo, varías veces ni siquiera hablábamos, estaba herida, pero simplemente trataba de ocultar ese sentimiento pensando en nada, o en todo, cualquiera de las dos me servía sólo para no recordar lo que este imbécil me había hecho.
-Mejor lo hablamos luego, gracias por arruinarme el sueño, buenas noches- Colgué la llamada y me quedé mirando el techo con el celular a mi lado. Comenzó a vibrar, corté, volvió a vibrar, volví a cortar, y la tercera vez simplemente corté y dejé el aparato en silencio. Si al principio de la noche no tenía nada en la mente, eso ya había cambiado, Vicente invadía mi cabeza, y como si nada las lágrimas comenzaron a caer por mis mejillas, entrecerré los ojos, tomé una almohada y la puse en mi boca para no dejar escapar ningún llanto, aunque fuera de noche, me aterraba la idea de que alguien pudiera oírme llorar, y así seguí desahogándome hasta que el sueño volvió a mi mente y ojos, para hundirme en un profundo abismo negro, en donde sólo estábamos él y yo, mirándonos frente a frente, sin hacer nada más.
No se por qué no se publicó mi otro comentario, debe ser porque lo comenté con master meme xDDD Me gusta linda <3 no puedo evitar imaginarme a Julieta como a ti misma xd ajjah <3
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