-¿Y los cabros? - preguntó Nicole al verme salir sola de la cocina.
-Están hablando en el patio, el Cristobal quería contarle algo al Vicho parece.
- Oye ¿cuánto llevan tú y tu pololo? - preguntó Javiera, la quedé mirando como pensando "¿qué te importa a ti?" pero aún así le respondí.
-Llevamos un año y diez meses -hice una breve pausa- ahora yo tengo una pregunta para ti, ¿De dónde saliste? -vi como en la cara de Nicole se formaba una mueca de risa, y Javiera me miraba algo molesta por la pregunta. Si, quizá soné algo imprudente, pero jamás la había visto y me parecía extraño llegar y ver a Cristobal con una desconocida (para mi), comúnmente siempre lo veía con chicas, pero siempre las conocía yo, no sabía de donde había aparecido ella.
-Conocí al Cristobal por unos amigos, y no sé, empezamos a salir, nos gustamos harto, y hoy vinimos para acá porque la Nicole nos invitó a comer... - En eso se escucha un sonido fuerte que venía del patio, me sobresalté y partí a ver qué pasaba. Lo primero que vi fue: cajas botadas, Vicente en el suelo y a Cristobal encima de él furioso agarrándose a combos. Estaba en shock, no sabía que demonios pasaba, lo único que hice fue tratar de separarlos con ayuda de las otras dos muchachas, miré a Vicente y escupía palabras como un perro rabioso.
-!No te quiero ver cerca de la Julieta maricón! - gritaba él.
- Oye pero ¿qué cresta les pasa a ustedes dos? - les grité a ambos.
- ¿Le dices tú o le digo yo al frente de tu mina?
-Javi mejor vayámonos.
Cristobal tomó la mano de Javiera, le dio un empujón en el hombro a Vicente y entró a la casa, yo fui tras él, tomó su chaqueta y salió hecho una furia con la chica, traté de detenerlo y que se calmara un poco, pero lo único que hizo fue decirme "Si sigues con ese hueón, olvídate de seguir siendo mi amiga" y me quedé parada viendo como se iban bajo la lluvia con un sentimiento enorme de angustia, no podía creer que mi mejor amigo me estuviera diciendo algo así, me dolía profundamente, y lo peor era que no sabía qué pasaba. Entré a la casa nuevamente, toda empapada, me dirigí hacia el baño donde estaba Vicente limpiándose la sangre de la boca y le hice una pequeña curación, no le dije nada, no me salían las palabras, ni mucho menos me atrevía a preguntar qué era lo que había pasado hace un momento atrás. Cuando terminé salimos del baño, nos sentamos en un sofá y Nicole se sentó frente a nosotros, miré a mi novio, tomé su cara con ambas manos e hice que me mirara.
-¿Qué pasó allá atrás Vicho?
- Da lo mismo Julieta, en serio -sonaba muy molesto.
-No da lo mismo, o sea, mira como terminaron las cosas.
-Ya po hueón, suéltala ¿Qué hueá pasó? - dijo Nicole algo exasperada.
Vicente la quedó mirando e ignoró por completo su pregunta, se paró me tomó las manos y sus ojos estaban llenos de enojo combinados con... ¿celos?
-Mejor me voy a la casa, si quieres puedes pasar después para que hablemos, necesito estar tranquilo contigo - me besó suavemente por su herida, tomó su chaqueta, se despidió de mala gana, yo tomé el paraguas y lo fui a dejar afuera - nos vemos entonces.
-Nos vemos.
Volví a entrar, y me tiré como un saco de papas, me sentía exhausta, no podía creer que en tan poco rato hubieran pasado tantas cosas, no sentía ganas de hablar, y lo único que deseaba en ese momento era dormir, Nicole simplemente me miró y se limitó a echarse a mi lado. En ese momento fue cuando pensé que quería olvidar todo, pero de verdad, olvidar TODO, que me diera algún tipo de alzheimer y no recordar nada, ni siquiera quienes eran las personas que me rodeaban, en el último año me había sentido tan mal que ya nada me hacía realmente feliz, y no lo digo sólo por Vicente, lo digo porque también me fui dando cuenta de cosas que no debería haber descubierto. En ese momento me paré, tomé mi paraguas y me despedí de mi amiga... ¿Amiga? se me hace raro mencionar esa palabra, incluso con Cristobal, no considero que sean mis amigos la verdad, la amistad para mi es algo totalmente vago, quizá ellos eran más que amigos para mi, ocupaban alguna palabra que sólo existía en mi cabeza, una palabra que no lograba descifrar, sólo sé que eran mucho más especiales que una simple "amistad".
Salí de la casa, y comencé a caminar, y mientras caminaba sentí deseos de sentir la lluvia en mi rostro, sin importar que al otro día no me pudiera parar por algún resfriado y mientras las gotas resbalaban por mi cara, comencé a llorar, pero sólo yo podía darme cuenta de que lloraba, porque era un llanto tan profundo que ni siquiera podía emitir algún tipo de sonido. No tenía ganas de ir a mi casa, no tenía ganas de ir a la casa de Vicente, no tenía ganas de nada, dejé de llorar, y fue como si mi alma quedara en un vacío, no quería volver a llorar, en ningún momento más.
Entré a un negocio y compré muchos dulces, el caballero que estaba atendiendo me miró raro al verme toda mojada y con un paraguas en la mano, si, a mi también me hubiera parecido estúpido ver a alguien así, pero yo ya era estúpida, por lo que no podría juzgar a nadie. Salí con mi bolsita de dulces y chocolates, y me dirigí a una banca que había cerca del lugar, bajo techo obviamente; encendí un cigarro, y el humo que se introdujo en mi cuerpo hizo que mi pecho se calmara, y lo único que pude sentir en ese momento, fue una enorme nostalgia. Miré a mis alrededores, sólo veía la lluvia caer y un abundante cielo gris, nada de gente, y nada de autos, fue como si estuviera sola en el mundo, y miles de sentimientos vinieron a mi, pero eran sentimientos vacíos y la única forma de sentir algo de verdad en ese momento era escuchar algo de música. Tomé mis auriculares, y comencé a escuchar una pieza llamada "Confluence" de Jhon Williams. Sentía como la música me iba invadiendo de a poco, cerré los ojos, y me dejé llevar, era como entrar en otro mundo. Cuando abrí los ojos seguía totalmente sola, pero en ese momento me dispuse a caminar nuevamente, abrí mi paraguas, y mientras caminaba mi cabeza iba formando hilos de pensamientos que terminaban en un sólo enredo.
Caminé tanto, que ni siquiera fue necesario tomar algún tipo de transporte para llegar a la casa de Vicente, me paré frente a su reja y vacilé un instante, no sabía si tocar el timbre, pero terminé tocándolo igual, esperé unos segundos hasta que apareció él por la puerta y salió a abrirme, al llegar a la entrada limpié mis zapatos algo embarrados y pasé. Sus padres estaban sentados en el living bebiendo café. La familia de Vicente era bastante armoniosa, desde que los conocí siempre mantuvieron un ambiente cálido. Los saludé tratando de ocultar mi rostro demacrado y subimos a su habitación, una vez dentro, él se me acercó y me pasó una toalla para cercarme, me saqué casi toda la ropa, incluyendo las calcetas, y me puse una polera y un pantalón de Vicente mientras ponía mi ropa a secar cerca de la estufa. Me acosté en su cama mirando hacia la pared, y él se acostó a mi lado abrazándome por la espalda. Sentía su respiración en mi oreja, y me fui relajando cada vez más hasta quedarme dormida. Cuando desperté él estaba mirándome, y acariciaba mi cara, al parecer mientras dormía me había dado vueltas por toda la cama, porque tenía todo desordenado.
-¿Qué hora es...? -pregunté algo desorientada.
-Dormiste tres horas - dijo él con una sonrisa en la cara. Miré por la ventana y me fijé que la lluvia había cesado - son las ocho más o menos.
- Oh, igual es un poco tarde - mi voz como siempre, sonaba apagada. - ¿Puedo hacerte una pregunta?
-Ya me la hiciste - me devolvió una pequeña sonrisa, y eso me hizo sonreír a mi también.
- Eres un tonto, me refiero a otra pregunta.
- Ya sé lo que quieres saber, estás intrigada por lo que pasó con Cristobal ¿Cierto?
- Si, obvio... ¿Por qué se pusieron a pelear?
En ese momento Vicente se acomodó y se quedó mirando el techo como sumido en sus pensamientos, con los ojos fijos en la nada y me contestó:
- El Cristobal anda detrás tuyo, me pidió incluso que te dejara tranquila, y al saberlo... no me aguanté los celos.
Lo único que sentí en ese momento fue un nudo asomándose por mi garganta, no creía lo que estaba escuchando.