jueves, 20 de noviembre de 2014

Capítulo 4.

        Me quedé en la cocina mientras ellos salían a conversar afuera, si les soy sincera, tenía muchas ganas de ir a sapear lo que estaban hablando, pero no quería ser tan entrometida, así que fui a la mesa donde estaba Nicole y la miss simpatía.

-¿Y los cabros? - preguntó Nicole al verme salir sola de la cocina.
-Están hablando en el patio, el Cristobal quería contarle algo al Vicho parece.
- Oye ¿cuánto llevan tú y tu pololo? - preguntó Javiera, la quedé mirando como pensando "¿qué te importa a ti?" pero aún así le respondí.
-Llevamos un año y diez meses -hice una breve pausa- ahora yo tengo una pregunta para ti, ¿De dónde saliste? -vi como en la cara de Nicole se formaba una mueca de risa, y Javiera me miraba algo molesta por la pregunta. Si, quizá soné algo imprudente, pero jamás la había visto y me parecía extraño llegar y ver a Cristobal con una desconocida (para mi), comúnmente siempre lo veía con chicas, pero siempre las conocía yo, no sabía de donde había aparecido ella.
-Conocí al Cristobal por unos amigos, y no sé, empezamos a salir, nos gustamos harto, y hoy vinimos para acá porque la Nicole nos invitó a comer... - En eso se escucha un sonido fuerte que venía del patio, me sobresalté y partí a ver qué pasaba. Lo primero que vi fue: cajas botadas, Vicente en el suelo y a Cristobal encima de él furioso agarrándose a combos. Estaba en shock, no sabía que demonios pasaba, lo único que hice fue tratar de separarlos con ayuda de las otras dos muchachas, miré a Vicente y escupía palabras como un perro rabioso.

-!No te quiero ver cerca de la Julieta maricón! - gritaba él.
- Oye pero ¿qué cresta les pasa a ustedes dos? - les grité a ambos.
- ¿Le dices tú o le digo yo al frente de tu mina?
-Javi mejor vayámonos.

        Cristobal tomó la mano de Javiera, le dio un empujón en el hombro a Vicente y entró a la casa, yo fui tras él, tomó su chaqueta y salió hecho una furia con la chica, traté de detenerlo y que se calmara un poco, pero lo único que hizo fue decirme "Si sigues con ese hueón, olvídate de seguir siendo mi amiga" y me quedé parada viendo como se iban bajo la lluvia con un sentimiento enorme de angustia, no podía creer que mi mejor amigo me estuviera diciendo algo así, me dolía profundamente, y lo peor era que no sabía qué pasaba. Entré a la casa nuevamente, toda empapada, me dirigí hacia el baño donde estaba Vicente limpiándose la sangre de la boca y le hice una pequeña curación, no le dije nada, no me salían las palabras, ni mucho menos me atrevía a preguntar qué era lo que había pasado hace un momento atrás. Cuando terminé salimos del baño, nos sentamos en un sofá y Nicole se sentó frente a nosotros, miré a mi novio, tomé su cara con ambas manos e hice que me mirara.
-¿Qué pasó allá atrás Vicho?
- Da lo mismo Julieta, en serio -sonaba muy molesto.
-No da lo mismo, o sea, mira como terminaron las cosas.
-Ya po hueón, suéltala ¿Qué hueá pasó? - dijo Nicole algo exasperada.

        Vicente la quedó mirando e ignoró por completo su pregunta, se paró me tomó las manos y sus ojos estaban llenos de enojo combinados con... ¿celos?
-Mejor me voy a la casa, si quieres puedes pasar después para que hablemos, necesito estar tranquilo contigo - me besó suavemente por su herida, tomó su chaqueta, se despidió de mala gana, yo tomé el paraguas y lo fui a dejar afuera - nos vemos entonces.
-Nos vemos.

      Volví a entrar, y me tiré como un saco de papas, me sentía exhausta, no podía creer que en tan poco rato hubieran pasado tantas cosas, no sentía ganas de hablar, y lo único que deseaba en ese momento era dormir, Nicole simplemente me miró y se limitó a echarse a mi lado. En ese momento fue cuando pensé que quería olvidar todo, pero de verdad, olvidar TODO, que me diera algún tipo de alzheimer y no recordar nada, ni siquiera quienes eran las personas que me rodeaban, en el último año me había sentido tan mal que ya nada me hacía realmente feliz, y no lo digo sólo por Vicente, lo digo porque también me fui dando cuenta de cosas que no debería haber descubierto. En ese momento me paré, tomé mi paraguas y me despedí de mi amiga... ¿Amiga? se me hace raro mencionar esa palabra, incluso con Cristobal, no considero que sean mis amigos la verdad, la amistad para mi es algo totalmente vago, quizá ellos eran más que amigos para mi, ocupaban alguna palabra que sólo existía en mi cabeza, una palabra que no lograba descifrar, sólo sé que eran mucho más especiales que una simple "amistad".

        Salí de la casa, y comencé a caminar, y mientras caminaba sentí deseos de sentir la lluvia en mi rostro, sin importar que al otro día no me pudiera parar por algún resfriado y mientras las gotas resbalaban por mi cara, comencé a llorar, pero sólo yo podía darme cuenta de que lloraba, porque era un llanto tan profundo que ni siquiera podía emitir algún tipo de sonido. No tenía ganas de ir a mi casa, no tenía ganas de ir a la casa de Vicente, no tenía ganas de nada, dejé de llorar, y fue como si mi alma quedara en un vacío, no quería volver a llorar, en ningún momento más.

        Entré a un negocio y compré muchos dulces, el caballero que estaba atendiendo me miró raro al verme toda mojada y con un paraguas en la mano, si, a mi también me hubiera parecido estúpido ver a alguien así, pero yo ya era estúpida, por lo que no podría juzgar a nadie. Salí con mi bolsita de dulces y chocolates, y me dirigí a una banca que había cerca del lugar, bajo techo obviamente; encendí un cigarro, y el humo que se introdujo en mi cuerpo hizo que mi pecho se calmara, y lo único que pude sentir en ese momento, fue una enorme nostalgia. Miré a mis alrededores, sólo veía la lluvia caer y un abundante cielo gris, nada de gente, y nada de autos, fue como si estuviera sola en el mundo, y miles de sentimientos vinieron a mi, pero eran sentimientos vacíos y la única forma de sentir algo de verdad en ese momento era escuchar algo de música. Tomé mis auriculares, y comencé a escuchar una pieza llamada "Confluence" de Jhon Williams. Sentía como la música me iba invadiendo de a poco, cerré los ojos, y me dejé llevar, era como entrar en otro mundo. Cuando abrí los ojos seguía totalmente sola, pero en ese momento me dispuse a caminar nuevamente, abrí mi paraguas, y mientras caminaba mi cabeza iba formando hilos de pensamientos que terminaban en un sólo enredo.

        Caminé tanto, que ni siquiera fue necesario tomar algún tipo de transporte para llegar a la casa de Vicente, me paré frente a su reja y vacilé un instante, no sabía si tocar el timbre, pero terminé tocándolo igual, esperé unos segundos hasta que apareció él por la puerta y salió a abrirme, al llegar a la entrada limpié mis zapatos algo embarrados y pasé. Sus padres estaban sentados en el living bebiendo café. La familia de Vicente era bastante armoniosa, desde que los conocí siempre mantuvieron un ambiente cálido. Los saludé tratando de ocultar mi rostro demacrado y subimos a su habitación, una vez dentro, él se me acercó y me pasó una toalla para cercarme, me saqué casi toda la ropa, incluyendo las calcetas, y me puse una polera y un pantalón de Vicente mientras ponía mi ropa a secar cerca de la estufa. Me acosté en su cama mirando hacia la pared, y él se acostó a mi lado abrazándome por la espalda. Sentía su respiración en mi oreja, y me fui relajando cada vez más hasta quedarme dormida. Cuando desperté él estaba mirándome, y acariciaba mi cara, al parecer mientras dormía me había dado vueltas por toda la cama, porque tenía todo desordenado.
-¿Qué hora es...? -pregunté algo desorientada.
-Dormiste tres horas - dijo él con una sonrisa en la cara. Miré por la ventana y me fijé que la lluvia había cesado - son las ocho más o menos.
- Oh, igual es un poco tarde - mi voz como siempre, sonaba apagada. - ¿Puedo hacerte una pregunta?
-Ya me la hiciste - me devolvió una pequeña sonrisa, y eso me hizo sonreír a mi también.
- Eres un tonto, me refiero a otra pregunta.
- Ya sé lo que quieres saber, estás intrigada por lo que pasó con Cristobal ¿Cierto?
- Si, obvio... ¿Por qué se pusieron a pelear?

       En ese momento Vicente se acomodó y se quedó mirando el techo como sumido en sus pensamientos, con los ojos fijos en la nada y me contestó:
- El Cristobal anda detrás tuyo, me pidió incluso que te dejara tranquila, y al saberlo... no me aguanté los celos.

       Lo único que sentí en ese momento fue un nudo asomándose por mi garganta, no creía lo que estaba escuchando.

martes, 18 de noviembre de 2014

Capítulo 3.

        Miré de inmediato a Nicole con una cara de "gracias por avisarme que tenías visitas". Pasé y saludé a Cristobal y a la chica, ella con una cara no muy simpática me dice "Javiera, un gusto", la quedé mirando por unos poco segundos y procedí a pasar a la cocina, Nicole fue detrás mío y una vez dentro, cerró la puerta.

-¿Qué fue eso? Se pudo oler la tensión -hizo una pausa y se le escapó una risita- ¿Estás celosa?
-Ah, que eres ridícula, sólo me incomoda estar con gente que no conozco, aparte no sé por qué no me avisaste que éste weón iba a estar en tu casa, quería estar tranquila, no con dos lapas besándose frente a mis ojos.
-Julieta ¿qué tiene de malo? Es tu mejor amigo, no entiendo qué te pasa, últimamente evitas a todos, y ... - En eso interrumpen nuestra pequeña conversación de murmullos, entra Cristobal y me revuelve el pelo.
- ¿Qué onda lo amargada amiguita? - Me abraza por la espalda.
- ¿Qué onda lo maraco amiguito?
-Escena de celos no porfa -dice riéndose.
- No, qué asco - hago un gesto con el dedo metiéndose a mi boca como si fuera a vomitar.

        Me zafé de su abrazo y busqué algo para beber en el refrigerador, había una cerveza, la saqué y pregunté si podía tomármela, Nicole asintió, y salí de la cocina junto con Cristobal mientras ella se quedaba preparando algo para comer. Me senté en un pequeño sofá, y comencé a beber, mientras los tórtolos presentes se decían cosas al oído y reían como tontos, puse los ojos en blanco y encendí la televisión, la verdad no estaban dando nada interesante, pero cualquier cosa que me distrajera en ese momento estaba bien. Comenzó a vibrar mi celular justo cuando comenzaba a interesarme por un programa que estaban transmitiendo, lo saqué del bolsillo de mi chaleca, miré la pantalla y era una llamada de Vicente, me paré del lugar, y salí al jardín delantero, contesté la llamada y escuchar su voz fue como si una ola de calor me abrazara, me sentía tan sola en ese momento, que aunque estuviera muy enojada y dolida, la voz de la persona que quiero podía hacerme sentir un poco mejor.

-Hola... ¿Estás ocupada?
-Bien, gracias ¿Y tú? - dije tratando de sonar divertida.
-Lo siento, es que, te extraño y quisiera verte ¿Puedes ahora?
-Vicho ya va a ser hora de almuerzo, pero estoy en la casa de la Niqui por si te interesa.
-Claro que me interesa ¿No le molesta que vaya verdad?
-No creo, ven no más, y así hablamos mejor las cosas.
-Bueno, voy para allá... -hace una pausa- te amo.
-Y yo te amo a ti, nos vemos.

        Corté la llamada, y volví a entrar a la casa, sentía un peso en el pecho, no sabía si reír o llorar, hace bastante que Vicente no decía que me amaba, como les digo, las cosas últimamente no andaban de lo mejor, pero cada demostración de cariño que él me hacía era suficiente para hacer que mi corazón se sobresaltara y comenzara a latir con fuerza, lo amaba y no saben cuánto, pero... Era un amor de pendejos, y todos sabemos que sólo un 1% de las relaciones de pendejos perduran en el tiempo. Lamentablemente ese no era nuestro caso. Volví a sentarme, y Cristóbal me atravesó con la mirada.
-¿Era tu Romeo?
-Sí, asqueroso sapo, viene en camino. -Javiera me miró feo.

        Nicole se asomó por la puerta de la cocina y puso una cara de disgusto puro. Me encogí de hombros, y esperé a que Vicente llegara mientras comenzaba a caer la lluvia. Al cabo de media hora tocaron el timbre de la casa, y salí disparada hacia la puerta. Al salir estaba él, todo mojado, tomé mi paraguas, crucé el jardín y lo puse encima de ambos, él me sonrió y de un momento a otro tenía sus labios pegados a los mío, sentí su lengua mezclarse con la mía como si fueran una melodía perfecta, se separó un momento, apoyó su frente contra la mía y en un susurro sin aliento me dijo "No sabes cuánto te he extrañado", sonreí como una tonta, tome su mano, lo hice pasar, se limpió las zapatillas, sacudió su cabello mojado, y entró. Saludó a Cristobal y a Javiera, esperó a que Nicole saliera de la cocina y se saludaron sin mucho ánimo. Ellos no se llevaban muy bien, ya que después de lo que Vicente me había hecho, Nicole fue la primera en enterarse y en dejarlo en la lista negra. Él se sentó en el sillón y yo me dirigí a la cocina para ayudar a servir los platos. Cuando estaba todo listo, nos sentamos a la mesa; yo esperaba que Vicente se sentara a mi lado, pero para mi sopresa fue Javiera quien le ganó el puesto, la miré, y le dije lo más educadamente posible "Javiera tu plato está al lado de Cristobal" se encogió de hombros y dijo "Todos tenemos la misma comida, cuática". Esa chica no me caía mal, pero había algo en ella que no me gustaba para nada., quizás sólo era yo y mi pasada de rollos, pero sentía que me detestaba, desde el primer momento que la vi me di cuenta que yo no le agradaba. Como siempre, preferí no decirle nada, y comimos en absoluto silencio, sólo las mirada se cruzaban de vez en cuando. Si hubiera sabido que el momento iba a ser tan incómodo, habría preferido comer en mi casa con el rancio de mi viejo; se preguntarán por qué llamo a mi papá de esa forma, pero es una historia que les contaré más adelante o quizás en otra ocasión, como sea, no me interesa hablar sobre el tema. Cuando terminé de comer, me paré de la mesa, tomé mi plato, y fui a la cocina, Vicente fue conmigo, y al momento de estar solos, tomó mis manos y me miró fijamente a los ojos.

-Julieta, hablemos por favor- Acarició lentamente mi mejilla con uno de sus dedos mientras sus ojos verdes me seguían tristemente la mirada.
-Está bien Vicho, hablemos ¿Qué es lo que tanto quieres decirme?
-Si te soy sincero, mi gran pregunta es ¿Quieres seguir con lo nuestro? es decir, sé que la embarré, que me metí con una pendeja, que me perdonaste y todo, pero -dio un leve suspiro- tú ya no eres la misma de antes, sé que te cuesta olvidar el cagazo que me mandé, pero por algo estoy aquí, por algo te insisto tanto, porque te amo, porque quiero jugármela por esta relación cueste lo que me cueste. Eres realmente importante para mí, sé que sueno absurdo, pero es lo cierto y sólo quiero saber si me dejarás seguir en tu vida como antes, o seguirás ignorándome como lo has hecho hasta ahora... Hasta que nuestra relación se disuelva con el tiempo y quede en nada.

        Mis ojos se tornaron llorosos y desvié la mirada hacia el suelo, no quería que me viera de aquella forma, no soportaba que nadie me viera así. No quería perderlo, ni menos acabar con lo nuestro, quería perdonarlo por completo, quería volver a ser feliz a su lado, pero no podía sacarme de la cabeza su error, ya sé que cualquiera comete errores, pero... Pero uno no le hace daño a la persona que quiere, y aunque no hubiera sido su intención dañarme, ya todo estaba hecho. Mis ganas de seguir con él seguían, pero no lograba sacar fuerzas de algún lugar para decirle que lo nuestro iba en picada, que aunque yo quisiera que todo estuviera bien, nada estaba bien, que no confiaba en él, que me había defraudado, porque sabía que si le decía eso, todo lo nuestro se iría a la mismísima mierda y no era lo que yo quería.

-Vicho... no sé, todo ha estado tan raro, sé que me he comportado como si fuera otra persona, pero debes entenderme, me siento dolida aún, sé que han pasado casi tres meses, pero no han sido suficientes para olvidarme de la cagá que te mandaste, yo te amo muchísimo, y no quiero que esto se termine, pero me cuesta sacarme de la cabeza todas las cosas que pienso, no quiero imaginar que si sigo contigo, el día de mañana me vuelvas a hacer el mismo daño - lo miré un segundo a los ojos y su cara se encontraba pálida, y sus ojos verdes, totalmente llenos de lágrimas que caían por sus mejillas.
-Julieta, no quiero perderte, quiero ganarme tu confianza nuevamente, por favor, dime que estás dispuesta a confiar en mi, no haré que te arrepientas, y haré que el resto de nuestra relación sea lo mas lindo que puedas recordar -me besó la frente y luego me abrazó- eres lo mejor que tengo en la vida...
-Suenas como todo un empalagoso - reí mientras me secaba las lágrimas- está bien, haré lo que pueda para lo que lo nuestro vuelva a ser lo que era antes, pero tú debes ganarte mi confianza nuevamente, si no, todo habrá sido en vano... y no quiero que eso pase.
-No pasará... Te amo.
Nos separamos y comenzamos a ordenar las cosas entre bromas y risas, una vez que teníamos todo listo, entra Cristobal y nos queda mirando a ambos, su cara estaba totalmente seria, su boca era una linea recta, y sus ojos estaban clavados en Vicente.
- Qué linda la pareja - dijo con un tono seco.
-¿Qué onda Cris? - pregunté con un tono asombrado.
-Nada, ¿Puedo hablar contigo? -se dirigió a Vicente-
-Si.. ¿Qué pasa?
-Vamos al patio, tengo que... - me miró a mi y su tono cambió a uno más amigable- tengo que contarte algo compadre.
-Ya dale, vamos.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Capítulo 2.

        Comencé a sentir una voz en mi cabeza, tenía los ojos cerrados y no tenía intenciones de abrirlos, pero la voz se hizo más clara y pude distinguir que era mi madre hablando con un desconocido sobre algo que no lograba entender bien. Abrí lentamente un ojo, y la luz de la habitación logró cegarme por un momento, al instante abrí el otro y comencé a refregar mi cara con las manos, tomé el celular y miré la pantalla, eran cerca de las ocho y media de la mañana, me estiré lo más que pude y me senté en la cama. Como siempre me quedé hecha un lío de pensamientos, mirando el suelo, sumida en mi mente por lo que había pasado en la madrugada, me sentía de mal ánimo, y últimamente hasta yo comenzaba a detestar mi mal carácter. Un golpe en la puerta me hizo volver al planeta tierra, era mi madre, entró e inmediatamente se sentó en la cama.

-Hola  ¿Cómo amaneciste? - Me colocó un mechón de pelo tras la oreja.
-Bien, gracias- hubo una pausa- oye ¿A qué hora llegaron anoche? -Se quedó pensando un momento-
-No sé, como a las una, la verdad no llegamos muy tarde- se paró de la cama y se sacudió la manos, como si tuviera algo, migas de pan, o qué se yo.- ¿Vamos a desayunar? Tu papá está durmiendo todavía.
-Obvio si eres la única loca que mete ruido a esta hora un sábado.- le dije en tono burlesco- a propósito ¿Con quién hablabas?
-Con la vecina, ya sabes que siempre viene a molestar temprano- me dio un golpecito en la pierna- Ya arréglate y ve a lavar tu cara de zombie.

        Ella salió de la habitación, me puse unas pantuflas, y fui directo al baño; me lavé la cara y los dientes.  Salí hacia el comedor, miré la mesa y estaba mi mamá sentada esperándome con el desayuno. Me senté frente a ella y comencé a comer una tostada con margarina que había en un plato. Mi mamá comenzó a hablarme de su trabajo, y de una fastidiosa compañera de trabajo que había llegado hace poco, yo sólo la miraba y asentía de vez en cuando con la cabeza. Pasado un rato nos levantamos y comencé a limpiar las cosas que habían en la mesa, al pasar por la ventana de la cocina que daba hacia el jardín delantero logré ver a mi mejor amigo saliendo de su casa.

        Cristobal es mi mejor amigo desde hace 11 años, siempre hemos sido vecinos, y siempre ha estado conmigo, es prácticamente como un hermano para mi. Seguí mirándolo hasta que se fue y me quedé apoyada en el lavaplatos con la mirada perdida en la nada (como casi siempre me pasaba).

       Cuando terminé de recoger todo, mi madre se acercó y me dio un beso de despedida para irse a trabajar, fui al baño, me di una ducha, y cuando terminé me tumbé en la cama totalmente desnuda, toqué mi pechos, y recordé la primera vez que el Vicho se atrevió a pasar a segunda base; totalmente nervioso. Recuerdo que esa vez estábamos en su casa, llevábamos 4 meses aproximadamente, sus padres salieron y nos dejaron solos, nos fuimos a su pieza y comenzamos a ver "El origen del planeta de los simios", nos comenzamos a besar y pues ya saben que una cosa lleva a la otra.

       Una sonrisa se esbozó en mi cara, pero al instante volví a estar seria, y no es necesario que les recuerde el por qué. Comencé a vestirme y tomé lo primero que encontré; unas panties de lana, un vestido y el mismo chaleco hilachoso del día anterior. Nuevamente miré la hora, eran las nueve y un cuarto... A propósito ¿Se han fijado que ahora el ser humano no vive sin mirar la hora? es como si no pudiéramos vivir sin controlar nuestros tiempo, pero bueno, eso no les interesa, ni a mi. Terminé de vestirme y me senté en el balcón, no sabía qué hacer ese día, soy de esa clase de personas que si no va al colegio, no hace nada. Tomé mi celular y llamé a la Nicole:

-¿Qué pasa? - dijo con un tono desgastado y rancio-
-Resucita porfa ¿Estuviste tomando?
-¿Qué te importa a ti?
-Me llega tu aliento a alcohol incluso al hablar por celular. -la oí reír al otro lado de la llamada.
-No seas hueona ¿quieres que nos veamos?
-¿Te parece a las doce? Invítame a almorzar a tu casa, no quiero almorzar con el rancio de mi viejo.
-Ya dale, a las doce entonces.
-Ya chao.
-Chao.

        Dormí hasta las once y media, me desperté, maquillé mi pálido rostro, y salí de mi casa, me fijé en el cielo gris que cubría esta maldita ciudad, tomé un paraguas, y comencé a caminar en dirección a la casa de Nicole. Cuando llegué salió ella a abrirme la puerta:
-Pensé que no vendrías. -me dijo al momento que me besaba la mejilla.
-¿Por qué? si te dije que iba a venir.
-No sé, últimamente siempre dejas todo botado y te quedas encerrada.
-Bueno pero acá estoy, no me webees ¿ya?
-Ya, pasa.

domingo, 16 de noviembre de 2014

Capítulo 1.

        Me sentía como si estuviera sola, sentía el viento golpear mi cara, y simplemente me fijé en los hilos que se desprendían de mi chaleco.
-Hueona, despega por favor- Escuché la voz de Nicole, y luego vi sus dedos chispeando frente a mis ojos
-¿Ah? ¿Qué onda?
-No sé qué onda tú, pasa el caño mejor- Procedí a pasarle el pito que tenía en las manos.

        Esa tarde nos juntamos por una razón de ocio, no tenía mucho que hacer y ella tampoco, así que nos dispusimos a pasar el día voladas como si no hubiera un mañana. Pasado un rato ya me sentía aburrida y el efecto se estaba esfumando como el humo de un cigarrillo, aparte hacía un frío que me calaba los huesos, por supuesto se nos ocurrió salir en pleno invierno. Me paré y le dije que me iba, puso una cara de disgusto porque se quería ir a tomar un trago conmigo, pero no estaba de ánimo para nada más. Me despedí de ella, le di un beso en la mejilla, tomé mi bolso y comencé a caminar. Ya era de noche, no me di el tiempo de mirar la hora, seguí caminando y me sentía frustrada porque no lograba concretar ningún pensamiento.

        Pasé a una botillería que había al paso y me metí la mano al bolsillo para sacar dinero, me adentré en el local y pedí una cajetilla de cigarros, el tipo que estaba atendiendo me miró con recelo.
-¿Qué edad tení?
-Tengo dieciocho- "Puta la hueá" pensé, "Ni cagando me cree con la cara de pendeja que tengo"
   
        Se acercó y me miró más de cerca, puso cara de resignado y me terminó vendiendo igual la cajetilla, ni siquiera me insistió, probablemente no había sido un buen día para él, se le notaba en la cara, comúnmente los vendedores insisten hasta que les pasas prácticamente tu certificado de nacimiento para venderte unos miseros cigarrillos. Salí de la botillería y seguí caminando en dirección a mi casa, saqué un cigarro y lo encendí, a medida que iba fumando sentía que mi cuerpo se helaba aún más, como si el humo que exhalaba por mi boca se llevara todo mi calor corporal, comencé a apresurar el paso, pasé por una alameda y vi a un viejo tirado en la calle, me dio pena, pero como toda la gente que seguramente pasó por su lado, no hice nada por ayudarlo, en el fondo me sentí mal, pero ¿qué podría hacer una pendeja como yo? "filo" pensé.
     
         Cuando llegué a mi casa recién me dispuse a mirar la hora, eran cerca de las diez y media, entré y saqué las llaves de la puerta para abrirla, una vez dentro me sorprendió el hecho de que todo estuviera apagado, encendí las luces y sólo había una nota encima de la mesa de centro. "Salimos a comer, hay pan fresco en la cocina" Me encogí de hombros, arrugué el papel y lo tiré al basurero. Fui a la cocina y lo único que hice fue beber un vaso de agua, no tenía ganas comer nada, me dirigí a la pieza, dejé la casa en la misma oscuridad que había cuando llegué, prendí el notebook, ingresé a mi perfil y había un mensaje de Vicente, comúnmente llamado Vicho, igual que a todos los Vicentes del planeta tierra, o al menos de mi país, creo que exagero, no sé. El mensaje decía: "Necesitamos hablar, esto no puede seguir así". Sentí como mi cara se ponía pálida, y para que quede claro, Vicente es mi novio, o al menos, lo era hasta ese momento.
     
        No sabía qué responder exactamente, ya saben, la típica frase "Necesitamos hablar" significa que en un futuro no muy lejano te mandaran simplemente a la mierda. Dejé el notebook a un lado, y preferí no responder nada, quería pensar en otra cosa, algo que me hiciera feliz, pero últimamente, pocas cosas hacían ponerme de buen ánimo. No sabía que sucedía realmente, y entre tratar de averiguarlo, me fui olvidando de la maldita frase que flotaba en el notebook como tratando de dañarme. Comencé a quedarme dormida, sin nada en mi cabeza, me sentía vacía, y así me hundí en un profundo sueño hasta que un zumbido y una musiquita insoportable me despertaron de sobresalto, era mi celular, lo tomé y miré la pantalla con la mirada algo aturdida, era una llamada del Vicho, no sentía ganas de contestar, miré la hora mientras seguía sonando el tono, eran las dos y media, seguramente mis padres ya habrían llegado y yo ni cuenta me había dado, me acerqué el celular a la oreja y contesté:
-¿Aló?- dije con una voz lo suficientemente áspera como para que notara que me había despertado.
-Juli ¿podemos hablar? no fuiste capaz de responder mi mensaje.
-Es que me dió.... - vacilé la última palabra- ... paja.
-¿Paja? ¿En serio? De verdad necesito decirte algo importante y a ti te da paja.
-Vicente, no puedo creer que me despiertes a las tres de la madrugada sólo para decirme esto, ¿Qué cresta es lo tan importante? -mi voz seguía áspera.
-Son las dos y media.
-Es lo mismo, déjame dormir, si quieres patearme hazlo mañana.
-No... No se trata de eso - Su voz cambió de seria, a triste-
Me senté en la cama algo preocupada y rasqué mi frente:
-¿Qué pasa entonces?
-Es que... yo sé que estamos mal, y sé que es por mi culpa, porque te cagué, sé que me detestas, es por eso que en el mensaje decía que esto no podía seguir así, necesito que tú tomes una decisión, eres de lo más cortante conmigo, y si no eres capaz de perdonarme, entonces preferiría que tomaras una pronta determinación respecto a lo nuestro.
     
        Si, me había engañado, y sentía un dolor en el pecho cada vez que lo recordaba. Con Vicente llevábamos alrededor de un año y diez meses pololeando, pero los últimos tres meses habían sido realmente horribles al enterarme que me había engañado en un carrete. La única razón por la cual no terminamos fue porque accedí a darle una segunda oportunidad, pero ya saben, nunca es lo mismo, nuestra relación era cada vez peor, y de echo, varías veces ni siquiera hablábamos, estaba herida, pero simplemente trataba de ocultar ese sentimiento pensando en nada, o en todo, cualquiera de las dos me servía sólo para no recordar lo que este imbécil me había hecho.

-Mejor lo hablamos luego, gracias por arruinarme el sueño, buenas noches- Colgué la llamada y me quedé mirando el techo con el celular a mi lado. Comenzó a vibrar, corté, volvió a vibrar, volví a cortar, y la tercera vez simplemente corté y dejé el aparato en silencio. Si al principio de la noche no tenía nada en la mente, eso ya había cambiado, Vicente invadía mi cabeza, y como si nada las lágrimas comenzaron a caer por mis mejillas, entrecerré los ojos, tomé una almohada y la puse en mi boca para no dejar escapar ningún llanto, aunque fuera de noche, me aterraba la idea de que alguien pudiera oírme llorar, y así seguí desahogándome hasta que el sueño volvió a mi mente y ojos, para hundirme en un profundo abismo negro, en donde sólo estábamos él y yo, mirándonos frente a frente, sin hacer nada más.